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Y los antepasados de Puigdemont y Torra se entregaron al Rey de Castilla

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Aunque los libros de texto del Tripartit canten glorias de un Principat o Regne de Catalunya medieval, es mentira. Entonces, igual que ahora, Barcelona sembraba odio al percibir debilidad en España. La Memoria Histórica que reciben los estudiantes está adulterada y no resiste lo que dice la documentación. Así, en la supuesta época de máximo autogobierno, el siglo XV, los catalanes se rebelaron contra el rey de Aragón y Valencia e iniciaron una disparatada guerra; pero, al renegar del soberano de la Corona de Aragón, ¿a quién suplicaron que fuera su conde de Barcelona? ¡Al rey de Castilla! Los manuscritos lo recuerdan:

“…en Barcelona cridaren don Anrich, rey de Castella, de Aragó e de Valencia, e compte de Barcelona” (Dietari del capella, any 1462)

No podían proclamarlo príncipe, rey o emperador. El título máximo que poseían era el de condado y, por supuesto, no tenían acuñada moneda con el nombre de Cataluña, ni poseían bandera propia. No era ni Principado, ni Reino, ni Imperio, ni Gran Cataluña, ni Países Catalanes, ni República…, era un simple condado, sin ninguna influencia en los reinos vecinos. El coetáneo manuscrito ‘Dietari del Capella’ informa que, en el año 1462, se alzaron en Barcelona banderas del rey de Castilla. Los catalanes ansiaban entregarse o darse a dicha autoridad:

“se volíen donar a la sua real magestad: e lo rey acceptá, e fa cridar per Castella: Compte de Barcelona, e en Barcelona foren alçades banderes del rey de Castella” (ib. p. 313)

Este episodio lo olvidan los libros de Peluquín y la Fallera Cantimplora, pero el entusiasmo por convertirse en vasallos del rey de Castilla, ¡antes de la llegada de los Reyes Católicos!, hizo enloquecer a los catalanes. La muchedumbre recorría las calles enarbolando banderas castellanas y, tratando de hablar castellano, los vehementes antepasados de Puigdemont y Torra vociferaban: “Viva (sic) lo rey de Castella”:

«en aquella nit, en la ciutat (de Barcelona) fan grans alimares, e per el matí alcen banderes del rey de Castella ab gran cerimonia, cridant: “Viva (sic) lo senyor don Anrich, rey de Castella, compte de Catalunya” (ib.66)

Aquí comprobamos la equivalencia entre condado de Barcelona o de Cataluña. Al año siguiente, en 1463, los nuevos súbditos del monarca castellano seguían con su entusiasmo. En la procesión más solemne del año, la del Corpus, se celebró bajo la nueva señera catalana, la del soberano de Castilla:

«Digous, a XVIII de juny, los de Barcelona prorogaren la festa del Corpus Cristi… e fonch feta solempna profesó ab la bandera molt rica del rey de Castella» (Dietari, any 1463, p.323)1

Esta proclamación del rey castellano provocó una cruel guerra donde el Reino de Valencia sufrió ataques de castellanos y catalanes, hasta que el rey de Castilla vio que no eran trigo limpio y, con cruel ironía, renunció a ser conde o señor de Cataluña:

“lo rey de Castella renuncia a catalans. E los misatges del rey de Castella… dient com son senyor rey de Castella los tornava en sa llibertat e que eligiesen compte o senyor lo ques volguessen” (ib. p.323)

La contienda acabó mal para el condado. El ejército del Reino, con caballería e infantería de la valenciana Orden de Montesa, expulsó a los agresores catalanes que atacaban la zona fronteriza, desde San Mateo a Peñíscola. El susodicho manuscrito recordaba que el Maestre de Montesa, “sabent com lo Maestrat era maltratat per los catalans (…) ab tota sa gent , vench contra los de Tortosa, de que foren dels catalans molts morts e presos” (ib.p.324).

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El susodicho episodio del castellano conde de Barcelona está narrado con detalle en el Tratado de la Real Señera (a.1993), libro que prácticamente se hizo desaparecer; y su segunda edición, aprobada por el Ayunt. de Valencia, fue impedida por el PP de la reina de copas Rita Barberá y Gil Lázaro, el Arévalo sin gracia, a los que Cataluña debiera agradecer que catalanizaran desde los niños en las escuelas a los rótulos callejeros de Valencia, billetes de autobús, recibos, multas, el Canal 9, la AVl, etc.

Aunque me desagrada, dedicaré unas líneas al nuevo fichaje de VOX, pues coincidí con él en la entrega de Prémits de la Palma Dorá en Elig, en 1993, galardón que yo había recibido el año anterior. En el multitudinario acto estábamos en una mesa los miembros de ADIA: Duardet Monllor, Redó Catalá, Boronat Gisbert y servidor (Vicente Ramos estaba de morros con Duardet y no acudió). Tras la comida y, especialmente, la abundante bebida, salió el doble de Arévalo en un discurso en castellano donde prometió, juró y volvió a prometer que defendería la lengua valenciana hasta extremos heroicos. Casi al finalizar su empalagoso discurso, Duardet no pudo aguantarse y, entre comentarios jocosos pronunció un ¡Arreeee, gooooos!, que casi hizo regurgitar del esófago de Boronat Gisbert l’arrós en costra empastrat del banquete. Mi amigo Duardet era en realidad Eduardo Monllor Rabasa, abogado Jefe del Gabinete Jurídico de Hidroeléctrica Española, y conocía la trayectoria de Gil Lázaro y lo que valía su palabra. El nefasto pronóstico que temía Duardet se cumplió. Este tipo se comportó como un mal charlatán de crecepelos. De la defensa del valenciano y los valencianos, nada de nada. Creo que se dedicó a dar la lata con el caso Faisán cuando estaba en la oposición; pero, al llegar otra vez al poder el PP, se calló como un puto. En fin, espero equivocarme con esta joya de VOX (por su culpa he dejado inacabado el presente artículo sobre Cataluña). La verdad, ¿no hubiera sido mejor candidata Cristina Seguí?

arevalo


1Ofrecemos paginación, no foliación, para facilitar al lector la lectura del Dietari del siglo XV, en la edición del año 1932.