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‘Charnego’ valenciano y ‘xarnego’ catalán

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charnego
La belleza del ‘charnego’ valenciano sólo compite con su poderoso olfato y aguda visión. (Fotografía de la Sociedad Canina C. del Sol)

Es feo, lo reconozco, llamar ‘perro’ a un ser humano, especialmente por el carácter noble de la mayoría de cánidos. También, quizá, es posible que no les guste a los catalanes que se les llame ‘perros’. A ellos, como raza aria superior, se les permite aplicarlo a la mayoría de españoles, pues ‘xarnego» es perro, aunque la retórica actual lo envuelva en celofanes de matices lenitivos por la condición colaboracionista de alguno de ellos (tipo Rufián, Montilla…). La palabra deriva del valenciano ‘charnego’, raza de podenco de gran elegancia e inteligencia. Considerar ‘charnego’ a alguien no era despectivo en valenciano, sino un halago, igual que otras metáforas semejantes: ser un lince, león, tigre, etc. El vocablo valenciano, que pasaría al catalán, estaba arraigado en el Medievo y formó parte del léxico clásico; p. ej., tratando de la caza de liebres:

«lo vostre charnego» (Fenollar: Proc. de les olives, 1497)

Como en todos los idiomas en tiempos de caos y formación, encontramos dudas morfológicas:

trames a Vilamarchant un chernego (sic) per lo qual chernego” (AMV, Pros. sign. vv. 12, any 1408)

Es un hecho que el valenciano «charnego», con ch- y vocal abierta pretónica, sin carga despectiva y sólo como excelente perro de caza, lo encontramos arraigado en los clásicos valencianos Fenollar, Vinyoles, etc. Es posible, quizá, que el nombre de este carnívoro acostumbrado a cazar en penumbras de madrigueras venga del latín nocturnus > nochorno > nocherniego > lucharniego > charniego > charnego. Puede ser, pero de los virtuales étimos castellanos como ‘nocharniego apenas hay ejemplos más antiguos que nuestro charnego. El vocablo, documentado primero en idioma valenciano, pasó con ligeros cambios morfosemánticos al gascón, bearnés y catalán: escharnegou, charnegue, xarnego, etc. Lo mismo que sucedió con las palabras «panoli» o «pollastre» (DRAE), el ‘charnego’ valenciano también se extendió al castellano, gracias a obras como el vocabulario de Santaella y algunos autores bilingües, que mechaban léxico valenciano en libros que llegaban a todo el Imperio, desde Perú a Filipinas:

un charnego ladra en descubriendo caça” (Ferrer, B.: en Rel. fiestas a la reliquia de St. Vicent Ferrer, Valencia, 1600, p.85)

Los despistados de la RAE —que suelen repetir dócilmente lo dicho por filólogos catalanes—, difunden el error de que el sust. charnego castellano procede del catalán xarnego (DRAE). Otros que también ambicionan el nacimiento del vocablo son los sicilianos (olvidando la relación lingüística, pues pertenecieron al Rey de Aragón y Valencia durante siglos). Dicen que procedería de “cirneco”, perro típico de Sicilia, aunque sea derivado de Cirene, en la actual Libia: «Il cirneco è un cane tipico della Sicilia. Il termine, attualmente datato 1553 in italiano e 1519 in siciliano (…) latino Cyrenaicu(m) ‘(cane) cirenaico’ (i greci di Sicilia lo avrebebro importato da Cirene, colonia greca sulle coste africana)» (Bolletino centro di studi filologici siciliani, Palermo 2014, p.494) Tampoco ofrecen documentación más antigua que la valenciana (donde cabe la posibilidad de ser mozarabismo), y obvian la presencia en Sicilia de valencianos. Huella de ello es la devoción que allí dejaron hacia San Vicenzo Ferreri, actual Patrón de Estrómboli. En Sicilia aún conservan como oro en paño la carta de puño y letra que San Vicente Ferrer escribio el 17 de diciembre de 1403. La realidad es que la documentación de ‘cirneco’ es posterior en más de un siglo a la valenciana:

trames a Vilamarchant un chernego… per lo qual chernego” (A.M.Valencia, Pros. sign. vv. 12, any 1408)

vostre (gos) charnego” (Fenollar: Procés de les olives, 1497)

«un charnego (…) un gos” (Milacre del taberner, 1858, p.19)

charnegos de casar… cada gos” (Roig y Civera: El tesor, Gandía, 1884, p. 60)

¿Quína llebre ni quins charnegos?” (Salavert: ¡Aniqueta!, 1939, p.283)

charnego-valenciano
No era inusual que alguna voz valenciana, como ‘charnego» en este caso, apareciera en prosa o verso en castellano de algún literato del Reino. (Tárrega, F.: quintilla de Bautista Ferrer, en Rel. fiestas a la reliquia de St. Vicent Ferrer, Valencia, 1600, p.85)

Para comprender la diferencia entre el valenciano charnego y corrupción catalana ‘xarnego‘, tenemos el ejemplo en unas quintillas del año 1600, dedicadas «Al ladrar»1 de St. Vicent Ferrer. Asociar el venerado Patrón del Reino al perro ‘charnego’ era un halago por las cualidades del cánido. Lógicamente, los versos están cargados de metáforas místicas: «Ve el pecado original /… y ansí (sic) le ladra, en señal / de Charnego, y que ha de ser/ caça suya natural». El voluminoso libro, encargado por el arzobispo de Valencia para celebrar la llegada de la reliquia del santo dominico, contiene poesías donde se juega con los dos idiomas, como en el soneto de Melchor Oltra a Sent Vicent Ferrer «en castellano y valenciano, con ecos.»2 La historia que inspiraba la poesía se basaba en que la madre del santo, embarazada, escuchaba ladridos en su interior, lo que se interpretó que el hijo sería un valiente charnego que defendería a las ovejas de la cristiandad del lobo infernal. En el mismo volumen, el «soneto de Estevan Burgues» recrea la historia:

«La boz (sic) del perro que tu madre ha oydo

antes que a luz saliesses de su pecho,

claro dize, Ferrer, que Dios te ha hecho

predicador primero que nacido»

Las máximas autoridades, así como los miembros de la Academia de los Nocturnos, leyeron la obra dedicada al «Virrey de este Reyno de Valencia», que también aportaba unas líneas dirigidas a Felipe III. Queda de manifiesto que llamar «charnego» a un valenciano, y en este caso al más valorado entre ellos, nada tenía de despectivo ni racista, sino todo lo contrario. Era, como dijimos, una metáfora enaltecedora de cualidades.

Fue a fines del siglo XIX, hacia el año 1890, cuando Jaume Massó (hábil falsificador de ‘Regles d’esquivar vocables’ en 1930), funda la revista L’Avenç y difunde en sus páginas las teorías del superhombre de Nietzsche y la superior raza aria (publica que el cráneo catalán es como el de los alemanes, distinto al de los africanos españoles). Sembrada la semilla del supremacismo, la palabra valenciana «charnego», adoptada por los catalanes, se convirtió en el insulto racista ‘xarnego’, dirigido a mestizos y, especialmente, a los retrógrados españoles que osaran mancillar con su presencia el divino territorio de Cataluña. Así, el novelista Mariano Vayreda (Olot, 1853), escribió en aquellos años ‘La Punyalada’, publicada póstumamente. Allí aparece el clásico valenciano «charnego» alterado como «xarnego», y degradado a repugnante insulto racista:

«I tu, xarnega ganyona, la teva traidoria…», (Vayreda, M.: La Punyalada, 1904)

banyolesEl nuevo semantismo fue asimilado por más de un floralista valenciano que se arrastraba por Barcelona. Los expansionistas protonazis ya habían comprobado lo barato que estaba el kilo de poetas y prosistas valencianos que, muertos de hambre y gloria, ofertaban pluma y alma por una palmadita en la espalda, a cargo de los comisarios de Jaume Massó o Pompeu Fabra. El ‘charneguismo’ ario se sustentaba en una sociedad atroz, capaz de exhibir como monstruo de feria a un ser humano… ¡negro!. Sin finalidad científica, el cadáver disecado de un bosquimano se mostraba como atracción de feria en Banyolas; aunque, periódicamente, era retocado con betún antes de las visitas importantes. En el 2000, por el escándalo que suponía, fue devuelto y enterrado en la africana Botsuana.

Resumiendo: la morfología y semantismo de «charnego«, con ch-, formaba parte del idioma valenciano, desde los autores clásicos del XV a los sainetistas. Designaba a una bella variedad de nobles cánidos; pero, después del 1900, el expansionismo catalán ha conseguido algo difícil de entender: ahora resulta que la palabra medieval valenciana «charnego» derivaría del moderno catalán «xarnego». Así actúa el fascismo expansionista en todos los ámbitos, ante la cobardía y complicidad de los políticos, temerosos de que se descubra su paletismo en estos temas. Si resucitara Cervantes, que distinguía el armonioso idioma valenciano del tosco catalán, pensaría que estamos más lunáticos que el Quijote. El novelista castellano fue rescatado de Argel con dinero del Reino y, en su estancia en Valencia (donde fue tratado con cariño y respeto), conoció a escritores y libreros; incluso fue testigo en un juicio de crímenes y amores en 1580. Lector de obras en valenciano como el Tirant lo Blanch, sus vivencias con catalanes y valencianos le permitieron distinguir entre los dos idiomas, aunque no es pertinente repetir lo ya dicho, incluso en este mismo blog y en varios artículos (García Moya, R.: Cervantes y el idioma valenciano, Las Provincias, 19 enero 2003). Quizá, como se relacionó con los amigos de Timoneda, hasta pudo conocer al poeta que citaba al «charnego» en el libro del 1600.


1Tarrega, F.. Relación de las fiestas que el Arzobispo… de la reliquia, Valencia, 1600, p.

2Ibid. p.223.


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