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El prohibido ‘caldo’ valenciano y el ‘brou’ catalán

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Hace meses estuve en una casa rural de Ancares, vetusta mansión rodeada de sombrío bosque de castaños descomunales y algún oso de atrezo. A pocos kilómetros, en las minas de Fabero, estaba el contraste con sus tenebrosas galerías a 300 metros de profundidad. Los millares de mineros que en su periodo álgido trabajaban en ellas, disponían de una enfermería de película de terror. Hojeé el libro de incidencias y constaté que rara era la semana en que, uno o varios operarios, no perdían dedos o se aplastaban extremidades. De vuelta al hotelito, la triste impresión se mitigó al oír que alguien hablaba valenciano, no catalán inmersionista. Era un joven matrimonio de Pedreguer que buscaba descanso en los montes de Ancares. Me comentaron que habían estudiado una carrera (creo que de Ciencias), pero optaron por abrir un restaurante y, al decirme el nombre, volvió el recuerdo de la inmersión que había dejado a 900 kilometros.

De unos 30 años, pertenecían a la generación catalanizada desde la escuela en Pedreguer. Entre los dogmas de fe que les inculcaron estaba el de —siempre que se pudiera—, rechazar homografías entre valenciano y español. El nombre elegido para su restaurante era ‘brou’, sustantivo inexistente en valenciano desde hace más de medio milenio. La arcaíca voz, del germánico brod, era común al antiguo fr. breu, it. bròdo, occ. bro y, aún vivo en Francia, el diminutivo brouet, además del derivado español y portugués bodrio, etc.

brou
Els novensans que duen el restaurant ‘Caldo’ (“Brou” en catalá) son bones persones, encá que víctimes de la inmersió del fascisme expansioniste. En el carrer Cova Santa de Pedreguer tenen vostés sa casa pera fartar lo que vullguen y aumplir pancha.

En valenciano, en tiempos medievales de vaivenes y titubeos léxicos y morfológicos, puede hallarse algún caso de penetración de ‘brou’, igual que en catalán se introdujo en el 1500 el castellanismo ‘tarda’ (que triunfaría); pero nuestros antepasados tenían poderosas raíces lingüísticas mozárabes, casi impermeables a influencias del catalán ¿Por qué eligió ‘brou’ el joven matrimonio de Pedreguer? Porque el equivalente valenciano era “caldo”, y el fascismo expansionista catalán que rige la Enseñanza en el Reino excluye palabras distintas a las catalanas.

El niño que a las 8 de la mañana entra en un centro de enseñanza, ya ha caído en el cepo del todopoderoso catalanismo, que basa en la implantación del catalán su proyecto de ampliar Cataluña hasta Beniel. Nadie dirá a los del citado restaurante que el valenciano ‘caldo’ es un cultismo derivado del latín caldus. Acabado en -o, es mozarabismo valenciano reconocido hasta por Corominas (no confundir con el astuto emboscado Colomina, catalanista de guante blanco que enreda por la AVL y la Univ. de Alicante) Palabra clásica valenciana, los catalanistas la sustituyen por brou; aunque era voz nuestra antes de la llegada de Jaime I con sus huestes de cruzados analfabetos:

mi conclusión es que caldo fue mozarabismo autóctono en el Reino de Valencia” (Corominas: DECLLC, 2, p. 421)

Los descuideros Alcover, Moll y el colaboracionista Sanchis Guarner, ceporros en relación al erudito Corominas, dictaron inapelable sentencia de muerte contra el mozarabismo:

«caldo: es una voz inaceptable en nuestra lengua; se ha de sustituir por brou» (DCVB)

Pero ‘caldo’ era vocablo clasico, y nunca desapareció de la prosa y verso de nuestros antepasados, hasta la llegada de los catalanistas del siglo XX:

Igual que los italianos han inundado de pizzerías el mundo, ¿por qué la fabulosa cocina valenciana no puede promocionar las arrocerías valencianas? Es decir, restaurantes especializados en nuestros arroces: arrós caldós, arrós en costra, arrós en clóchines, cigales y carrancs, arrós del sinyoret, arrós en abaecho o bacallar, arrós meloset, arrós en fesols y naps, arrós abanda, arrós negre, arrós al forn, arrós en bledes y caragols, paella de pollastre, paella de marisc, etc. Claro, hay problemas. Si un restaurante se rotulara Arrocería Valenciana, tras el autoodio sembrado por los catalanistas, seguro que lo quemarían. Por cierto, lo de abanda, (a + banda), es construcción morfologica del val. moderno: “peix en salseta /… arrós abanda” (Genovés, G.: Un grapaet, 1916, p.17)

caldo del dia” (Rec. valencianes de Micer Joan, 1466)

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Igual que los italianos han inundado de pizzerías el mundo, ¿por qué la fabulosa cocina valenciana no puede promocionar las arrocerías valencianas? Es decir, restaurantes especializados en nuestros arroces: arrós caldós, arrós en costra, arrós en clóchines, cigales y carrancs, arrós del sinyoret, arrós en abaecho o bacallar, arrós meloset, arrós en fesols y naps, arrós abanda, arrós negre, arrós al forn, arrós en bledes y caragols, paella de pollastre, paella de marisc, etc. Claro, hay problemas. Si un restaurante se rotulara Arrocería Valenciana, tras el autoodio sembrado por los catalanistas, seguro que lo quemarían. Por cierto, lo de abanda, (a + banda), es construcción morfologica del val. moderno: “peix en salseta /… arrós abanda” (Genovés, G.: Un grapaet, 1916, p.17)

del caldo la carn” (Esteve: Liber, 1472)

es un caldo que pot passar” (BUV. Morlá: Ms. 666, c. 1649)

en caldo de granotes” (El Tró, 20 de novembre de 1840)

te caldo de salseta” (La creu del matrimoni, 1866)

te ha caigut el caldo” (El Cullerot, Alacant, 5 d’octubre 1884)

quín caldo que te” (Matalí de Almenar, Vicenta: El Pecat, 1929)

trau el caldo del foc” (Valls: La verbena, Alcoy, 1935)

Una voz demuestra su arraigo con locuciones propias y exclusivas del idioma a que pertenece; p.e., ‘bufar en caldo fret’ (con la variable gelat o chelat), que alude a quien presume de lo que carece:

aixó es bufar en caldo fret” (Ros, Carlos: Tratat de adages, 1736)

bufant tots en caldo fret” (BRAE, Ms. 6.639, La destrucció de Milicies, c. 1790)

que bufem en caldo fret” (Memoria de los regocijos públicos, imp. B. Monfort, 1830)

bufar en chelat caldo” (El Cullerot, Alacant, 9 de maig 1897)

me va pareguent d’estos que bufen en caldo chelat” (Martí Orberá: Chent del día, 1927)

dels que bufen en caldo chelat” (La Chala, 7 d’agost 1926)

También la locución ‘caldo d’olives’ se aplica a la persona sin carácter o fortaleza moral:

nostra sanc s´ha tornat caldo d´olives u horchata de chufes” (Caps y senteners, 1892)

Y ‘fer el caldo gros’ equivalía a mostrarse rastrero con el poderoso:

y fareu el caldo gros als…” (La Traca, 20 de giner 1912)

Si en el restaurante de nuestros amigos de Pedreguer cocinaran sin sustancia, en valenciano les diríamos que ‘lo d’eixe plat pareix caldo de bugaes’:

“cuatre rosegons y una tasa de caldo de bugaes” (Soler: Les chiques del barrio, 1928, )

Un derivado sería ‘caldós’, que califica al presuntuoso que quiere aparentar lo que no és:

molt caldós em dugué a casa el alcalde” (Un pillo y els chics educats, 1846)

caldós: anheloso o ansioso, deseoso” (Escrig: Dicc. 1851)

¿Enca seguix tan caldós?” (Escalante: La senserrá, 1871)

ya se posaba caldosa” (Escalante: Un buen moso, 1889)

molt caldós / al pasar per el carrer” (Palau y Songel: Tenorio, 1924)

Pese a lo expuesto, la voz valenciana ‘caldo’ seguirá su lenta marginación, igual que ha sucedido con miles de palabras valencianas que tenían homografía total o parcial con otras castellanas. Téngase en cuenta que los parámetros que rigen la enseñanza del falso valenciano son políticos, no lingüísticos; y que el pueblo está indefenso contra estos profesionales del autoodio. Recuerdo que, hablando con mi amigo Redó, comenté que la morfología “llonja” o “lloncha” era la propia del idioma valenciano. Bruscamente, sin razonar, replicó: ¡Aixó es castellá!. Era otra víctima del Canal 9, que ahora revive como À Punt. Esta gentuza son más catalanistas (a buen precio, claro) que los propios catalanes. El más cualificado etimologista, el catalán Corominas, decía:

«recordem: val. llonja, cast. lonja, cat. llotja» (Corominas. DECLLC, II, p.282)

La estupidez humana hace que el ignorante se incline hacia la grafía más extraña, creyendo que si la usa será considerado más culto. Es lo que les sucede a los que piensan que la moderna y falsa grafía Mutxamel, inventada por los colaboracionistas del siglo XX, es más autentica que la valenciana Muchamel, única que veremos en manuscritos del Archivo de la Corona de Aragón, del Municipal de Alicante o en el de la Verge del Loreto de Muchamel.

marza-y-oltra
Esta parella de millonaris fardachos no es la de Pedreguer, sinos la que introduix fem lléxic catalá en les escoles. Gracies a la indignitat llingüística de Marzá y Mónica Oltra, la gent creu que, per eixemple, “caldo’ y ‘llonja’ no perteneixen al valenciá. Mosatros, nugats y escotiflats per els mijos de comunicació y la emporcá Generalitat, no trobem remey ni tenim espenta pera enfrontarmos als buderons culturals que mos roseguen dasta’l copró.