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El valenciano en tiempos del Golpe de Estado y Dani Mateo

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Los ansiosos de fama, fortuna y apoyo institucional, gracias al fascista hijoputa Dani Mateo, ya saben qué deben hacer: sonarse en la bandera de España o, si desean ser alcaldes de Valencia o presidentes de la Generalitat, defecar en la Real Señera. Mientras tanto, el Golpe de Estado que pretende devorar al Reino de Valencia, y crear una nación catalana hasta Orihuela, prosigue día tras día lavando el cerebro de los niños. Así, por ejemplo, los maestros del autoodio enseñan a sus alumnos que, a la llegada de Jaime I, no existían mozárabes en el Reino (ya teníamos este título antes del 1238). Que sepamos, en ningún territorio conquistado por los musulmanes medievales se aniquilaba a una población que podía proporcionarles mano de obra e impuestos (p.e., los coptos siguieron viviendo en el corazón del Egipto islámico). Hay otra cuestión que silencian los comisarios del conseller Marzá: el romance hablado por los conquistados no se reprimió en ningún territorio sometido a los hijos de Mahoma ¿Qué significa esto? Que una gran proporción de valencianos pudieron cambiar de religión para beneficiarse social y económicamente, pero siguieron usando su idioma en una sociedad multilingüe.

Y dónde, preguntan los profesionales del autoodio, está el testimonio de ese mozárabe usado por los valencianos antes del 1230. Hay de todo tipo; por ejemplo, el lexicógrafo Escrig documentaba el verbo “fleixir: doblegar” (Dicc.1851), que Corominas calificaba de mozarabismo valenciano, así como su familia léxica derivada del latín flexare: “creo que el valenciano fleix, aro de hierro de toneles y cubas, no es más que el posverbal de este mozarabismo valenciano” (DECLLC, IV, p.38) Añadiendo: “hoy en Valencia se sigue diciendo fleixar, forma mozárabe pura y primitiva, como término técnico de la industria botera” (ibid. p.38).

fleixen
Los testimonios de aquellos mozárabes que forjaron el idioma valenciano, como la morfología verbal “fleixen” (Espill, ed.1531), proclamaban su total independencia y singularidad respecto al castellano, gallego, catalán y vasco.

El vocablo, evidentemente, está presente en los clásicos: “baladres, / arrullen y fleixen” (Roig: Espill, prólec, ed.1531). En el verso hallamos el sust. ‘baladre’ que, desde el valenciano, se propagó a otras románicas. Y entre rocas y esta planta tóxica pululaban el reptil ‘fardacho’ y los caracoles ‘chonetes’, dos mozarabismos que los ágrafos cruzados de Jaime I conocerían por primera vez en nuestra tierra; y baladres, fardachos y chonetes podían encontrarse en 1238 en el barranc de Carraixet, topónimo mozárabe derivado de lletí carĭcetum. También ‘barranc’ era mozarabismo valenciano, igual que ‘barraca’, que se extenderían ambos a otras neolatinas. A la lista de mozarabismos habría que añadir el léxico que los valencianos islamizados y los criptocristianos crearon a partir de arabismos, sin olvidar los derivados del latín que evolucionaron en paralelo en valenciano y castellano; p.e., el mozarabismo “fondo, que por lo datos valencianos y autores más variados a todo lo largo del siglo XV, muestra inequívocamente que se trata de un mozarabismo” (DECLLC, IV, p.95). En la inmersión actual, los cabronazos lo sustituyen por el catalán ‘fons‘.

La herencia lingüística mozárabe se enriqueció con neologismos que, en su gestación, ayudaba el dígrafo ch, prohibido por los que nos quieren hacer el favor de que nos engulla Cataluña. Aún no he conprendido el autoodio a la ch valenciana, ¡ni que fuera invento de Franco o la Falange de Joan Fuster!. Estaba presente en los medievales sermones de St. Vicent Ferrer o en l’Espill de Roig; en ellos, por ejemplo, encontramos ‘chic‘, morfología estigmatizada por los inmersores de Marzà. Esta gente, presumiendo de honradez deontológica, ampara las fechorías del IEC y su mascota AVL de Zaplana y Pujol. El Golpe de Estado ha sido cocinado durante más de un siglo con la añagaza de “dignificar la llengua”; y no han dudado en mentir, bien con las ‘Regles d’esquivar vocables’ (falsificación del 1930), o bien adulterando textos. Por ejemplo, si en la traducción al valenciano del Blanquerna (a.1521), se lee: “chics orfenets”, en la copia de esta realizada en 1914 se convierte en “infants orfens”. El autor del fraude era el cura Salvador Galmes, un mallorquín catalanista glorificado en los círculos de Jaume Massó y, obviamente, laureado en los Jocs Florals de Barcelona.

chiular
En este manuscrito conservado en la Univ. de Valencia observamos léxico, y morfosintaxis del valenciano moderno, prohibido por la AVL de Zaplana y Pujol. Y el verbo ‘chiular’, con la ch-, era clásico y usado por la feminista Isabel de Villena en el siglo XV.

Ahora, cuando el catalanismo nos estrangula desde la Generalitat, podríamos afirmar que lo hace “burlanse de la Justicia, cabronechant y chiulant”. La frase pertenece a un escrito del 1687, que hoy nadie podría escribir por ser idioma prohibido en la Enseñanza y Administración. Aquí figura el gerundio burlant, que unido al enclítico se pierde la sorda -t, singularidad que coadyudaba a la dulzura del valenciano moderno que admiraba Cervantes1. Y la creatividad de la lengua viva nos ofrece el neologismo verbal cabronechant, novedad que enriquecía el casillero léxico con su semantismo de incordiar, hacer mal intencionadamente… ¿Y no es cabronechar que el catalán Ribó ofrezca el Palau de la Música, como si fuera propiedad de él, al catalán hijoputa que se sonó con la bandera de España?

El poema satírico de 1687 reflejaba un suceso ocurrido en “el carrer d’Alboraya” (con -y- en valenciano, de donde pasó al castellano), y fue un escritor culto quien lo compuso, quizá el propio recopilador, el notario y escritor Bartolomé Blasco y Ciurana. En 1687, el Centenar de la Ploma hubiera detenido al catalán Dani Mateo si hubiera ofendido a la Real Señera; actualmente, tras la inmersión y autoodio realizado en el histórico Reino durante décadas contra Valencia y España, las masas aborregadas aplaudirán al malasombra en el Palau de la Música de Ribó y Oltra. Por cierto, el notario de 1687, culto escritor bilingüe, recordaba el nombre de su otro idioma: “Bartholomé Blasco y Ciurana, en idioma valenciano”.

idioma valenciano
El notario Bartholomé Blasco no ocultaba el nombre de ‘idioma valenciano’. En 1687 no existía el instigador del autoodio, como Joan Ribó. Morera o Dani Mateo.

Esta denominación jamás la usarán los Morera, Ribó, Chimo Puig, etc. La catalanización es su meta y su forma de vida (millonaria, por cierto); son los inmersores del autoodio que, omnipotentes, prosiguen su bien pagada tarea. Empeñados en demolernos, estos colectivos de políticos, enseñantes y sindicalistas aplauden y deifican a Dani Mateo. En Elche, con la babosa cobertura del diario catalán Información (subvencionado por la Generalitat del Tripartit), Dani Mateo agotó esta semana las localidades del Gran Teatro; y en Valencia sucederá lo mismo. Los miles de parásitos que nos quieren ‘dignificar’, con nuestro dinero, enloquecerán de placer aplaudiendo al fascista hijoputa Dani Mateo, tan adorado por Joan Ribó.

En fin, continuará…


1«Y si de aquestas le pesa, / porque son escabrosas (las lenguas), / mostraréle las melosas / valenciana y portuguesa» (Cervantes, Miguel de: La Gran Sultana, Doña Catalina de Oviedo. Imp. Viuda de Alonso Martín. Madrid, año 1615, v.1560) Esa lengua valenciana que gustaba a Cervantes, hoy esté prohibida.