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El ‘Síndrome de Chimo Lanuza’

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Chimo Lanuza, modelo de honradez intelectual, fue víctima de la fascista inmersión catalana universitaria que, como a tantos, le dejaría heridas sin cicatrizar

La Resistencia al fascismo expansionista catalán en el Reino ha generado comportamientos tan dignos como el de Chimo Lanuza, filólogo que por defender la lengua valenciana sacrificó su ascenso al paraiso económico de la AVLL y otras prebendas que gozan individuos como Artur Ahuir. Lo que sigue no es una crítica a Chimo, sino un intento de poner negro sobre blanco (no en el sentido erótico vivido por Sánchez Dragó) la patología sociolingüística que ha afectado a filólogos contrarios al anexionismo idiomático. Ya en el lejano 2001, Chimo publicaba Reflexions per a una modernisacio de l’ortografia de la llengua valenciana, donde argumentaba a favor de que la ortografía avanzara al mismo ritmo que el habla; así, respetando escrupulosamente la acentuación, negritas y ortografía:

«Fins fa relativament poc, en valencià s’escrivia “verd” (en d) “per etimologia”, quan la llengua parlada (i gran part de la escrita) ya portava temps pronunciant sordes eixes oclusives en posicio final de paraula. ¡ i “hivern” s’escriu en h perque “aixina s’ha escrit tota la vida”, pero no es etimológica! Açó no te sentit perque si s’abusa del criteri etimologista…» (Lanuza: Rev. Filologia Valenciana, 8, 2001, p.121)

Ahí tenemos el Síndrome de Chimo Lanuza, que no es desorden psiquiátrico como el de Diógenes o Noé, sino una confusión de bucle autodestructivo de la lengua que afecta a víctimas de inmersión universitaria catalanista. El afectado lucha por defender la lengua propia, pero su deformación filológica se lo impide. Chimo se contradice al escribir el participio ‘parlada‘, con lo que hace un favor al IEC. Todos, salvo inmersores y sumisos, pronunciamos ‘parlá‘ en valenciano moderno. Hace un siglo, Fullana así lo escribía: “Valenciá es la llengua parlá en la major part del antic Reine de Valencia” (Fullana: Gram. 1915, p.2). Los intensos años de contaminación fabrista crean en el afectado del síndrome una realidad virtual: “hivern s’escriu en h perque s’ha escrit tota la vida”. Será toda la vida del estudiante de Filología o funcionario que, si escribe el valenciano ‘ivern’, jamás aprobará una oposición a chupatintas de la Administración de la Fallera Cantimplora. Inconscientemente, quien padece el Síndrome de Chimo Lanuza transtoca, permuta o distorsiona la realidad anacrónicamente en contra de su voluntad. Precisamente colgué en internet el Diccionari Históric del Valenciá Modern (que ahora tiene 3705 páginas), para que se pudiera consultar gratis y, de ese modo, el paciente del síndrome conociera que ‘ivern’ fue valenciano desde los clásicos hasta la llegada de la prostitución floralista:

fret, yo crem d’ivern” (March, A.: Poemes, c. 1445)

en lo ivern… fret” (Alcanyis: Regiment, 1490)

y del estiu y del ivern” (Gaçull: Lo sompni de Johan Johan, 1497)

d ivern com d estiu” (Fenollar: Procés de les olives, 1497)

en lo estiu a les huit hores, y en lo ivern a les set” (Ord. Guarda… del Regne, 1678)

en l´ivern de cuatre a sis” (Serrano, M.: Voreta de l´Albufera, 1928)

en l’ivern patixc del reuma” (Meliá, F.: ¡Pare vosté la burra, amic!, 1928)

el fret d´una nit d´ivern” (Vicent A.: El Trull, 1929)

en les nits d´ivern” (Aznar, J.: El misteri de Trinitat, 1930)

El afectado por el Síndrome de Chimo, aunque reconozca que existe documentació que acredita el uso y singularidad morfoléxica de un vocablo (val. ivern, cast. invierno, cat. hivern), seguirá escribiendo el modelo que le incrustaron los inmersionistas en la Universidad. En el párrafo que sirve de paradigma observamos otra confusión tempo-morfológica típica de este desequilibrio:

«Fins fa relativament poc, en valencià s’escrivia “verd” (en d) “per etimologia”, quan la llengua parlada (i gran part de la escrita) ya portava temps pronunciant sordes eixes oclusives en posicio final de paraula»

Aquí vemos los efectos letales de la inmersión. A Chimo le hicieron creer que la forma etimológica ‘verd‘ era la usada desde los clásicos, pero era una falsedad catalanista elaborada con astucia. Entonces, ¿cómo se implantaban estos dogmas de fe? En este caso llegaron a cometer la virtuosa falsificación de ‘Regles d’esquivar vocables’, donde el equipo de Jaume Massó cometió en la regla 181 un lapsus fatal al escribir “juhiverd per dir juliverd”; es decir, una grafía que se consideraba inapropiada por otra culta. El pequeño inconveniente es que en los millares de documentos coetáneos al año 1492, fecha en que se quería datar la chapuza, ninguno muestra la grafía inculta… ni la culta. Todos muestran “vert”. La obsesión por cambiar la terminación sorda de vert en la sonora verd es fruto del nacionalismo filológico catalán del 1900, Los falsificadores de los dos folios y medio del manuscrito pensaron que lo ideal sería que, para hacerlo creíble, apareciera en un acuerdo consensuado en 1492 por el valenciano Fenollar y el catalán Cárbonell. La irrupción de esta bomba normativa sucedió poco antes de las catalanistas Normes de Castelló de 1932; que también afectó a nuestra ancestral grafía vert, que comenzó a ser perseguida por los profesionales del autoodio. Yo me desplacé al archivo de la Catedral de Gerona para estudiar el original del manuscrito, y los resultados los colgué en internet (García Moya: Regles d’esquivar vocables’. Nacionalismo y lexicografía, 2014). He obtenido silencio y burla por respuesta… pero nadie ha desmentido documentalmente lo expuesto.

Los afectados por el Sindrome de Chimo Lanuza coleccionan bolsas de basura léxica

En el caso de ‘vert’, pese a la confusión generada por el fascismo filológico catalanista, Chimo mantuvo la grafía valenciana; pero, igual que los afectados por el síndrome de Diógenes ven bolsas de basura en la calle y se las llevan al hogar, en el mundo léxico tropezamos con estiercol del IEC y, los desorientados por el Síndrome de Chimo Lanuza, lo recogen y exhiben sin pudor. Valga de ejemplo el verbo “canviar” (Lanuza, ib., p.129), grafía inexistente en valenciano, y Chimo lo sabe, pero el síndrome le impide que su mano escriba lo que el cerebro y la honestidad intelectual le dictan. En el DHIVAM 2019 tenemos:

«cultisme valenciá, del lletí cambiāre. En billabial era comú al valenciá, castellá y catalá, mes a finals del sigle XIX vullgueren els nacionalistes catalans alluntarse d´eixa homografía, «adoptant canviar, AMAlcover, amb aplaudiment de Fabra (DOrt.) es convertí en defensor decidit de la v» (DECLLC, 2, p.493). Els colaboracionistes valencians, unflant este acort catalá com a cult y progresiste, olvidaren el rigor etimológic tantes vegaes restregat per els morros del aborregat poble: “cambiar” (Canals, fr. Antoni: Providencia, NCL., 102, c. 1395) “dret pera… vendre, cambiar, baratar” (APH. Sta. María d´Elig, Sig.168, venda de sis tafulles de terra, 17 abril 1418, f. 42v) “…de cambiar(Jordi de St. Jordi: Lo Cambiador, c.1423), etc.

Y así, respetada, llegaría la familia léxica de ‘cambiar’ a los amanuenses medievales, escribanos de Cancillería, legisladores, a la famosa “Taula de Cambis” (Autobiog. Bernat Guillem, 1600) y a los costumbristas, con una joya morfológica del valenciano moderno: lat epentética que ofrece más singularidad y, por su valor, es prohibida y perseguida por la inmersión y, lamentablemente, por los afectados del Síndrome de Chimo Lanuza: “este cámbit persistixca” (Llibret Foguera Chapí, Alacant, 1932); “en cámbit yo la vullc” (Román: Tots de la mateixa familia, Alcoy, 1937); “¿A qué obedix eixe cámbit?” (Armiñana Canut: Amor sacrificat, 1950), etc.

N.B. Puede, o no, que el Síndrome de Chimo Lanuza explique los numerosos catalanismos que Voro López acoge en su diccionario; entre ellos: canvi, canviable, canviador, canviament, canviant, canviar… (DRACV, 2010)