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Españoles, Franco ha muerto, ¡perdón, perdón, quería decir Genovés!

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El arte y la figura de Juan Genovés no puede ser dañado por las teatrales y falsas chorradas fúnebres de catalanistas como Chimo Puig.

Mala cosa. Si el colaboracionista Chimo Puig se pone sentimental, se le alborota la peluca, gimotea y ensalza hasta lo patético a un artista rebelde a tiempo parcial, mala cosa. El genial pintor se había convertido en asalariado al servicio de una empresa, como anunciaba en su página oficial: «Juan Genovés trabaja en exclusiva con la Galería Marlborough». Todo indica que el comunista Genovés acabó la rebeldía, que no su admirado arte, con la transición y, después del 1980, se limitó a pintar monigotes que, desperdigados y en asimétricos grupos, corrían como cucarachitas multicolores que huían de un indeterminado peligro. Tras esas fechas, ahogado en premios y dólares, los lienzos de Juan Genovés no plasmaron la realidad de los seres humanos que corrían aterrorizados tras los atentados de ETA, GRAPO, FRAP, Terra Lliure, etc. El artista había mutado en un magnifico pintor de Corte o de la nueva casta política o nobleza que, ante el silencio de los antiguos rebeldes, incrementaría progresivamente unos privilegios tan obscenos como los actuales de los Marqueses de Galapagar. Ni a él ni a los capitalistas de la Marlborough les interesaba denunciar al creciente fascismo expansionista catalán. Con pintar grupitos de individuos correteando locamente, los corruptos del PP, PSOE, PC y el coro de sindicalistas aplaudirían su obra y figura.

Admiro a Genovés, que no prostituyó su arte, sino que se dejó llevar por la ola del triunfo sin ocultar su conversión al capitalismo: “Yo era un muerto de hambre sin galerista. Frank Lloyd, copropietario de Marlborough, fue quien me preguntó si quería trabajar para ellos». El pragmático rebelde aceptó e hizo bien. Siguió trabajando, como también hacía su mujer Adela Parrondo, también comunista, con la que coincidí en el Congreso Internacional del INSEA, celebrado en Barcelona cuando el Proceso de Burgos. Recuerdo que propuse a los congresistas que protestaran por las condenas a muerte de los etarras y, ante el fracaso de la propuesta y la puesta en acción de la Brigada Político Social desplazada a la sala, salí por piernas al aeropuerto. Allí me encontré con la agradable Adela, que no había asistido a la ultima sesión del congreso. Hicimos el viaje de vuelta a Manises juntos. No la volví a ver. Creo que ambos, Juan y Adela, eran honestos.

El héroe de la Inmersión bien pagada, Chimo Puig, en el hasta hace poco diario de las putas, el catalán Levante, nos anunciaba cual Carrero Blanco entre sollozos: «S’ha mort Juan Genovés. Abraç etern» (Levante, 16/05/2030). El tío del pelucón o postizo turco se deshacía en elogios al artista, y com guiños pícaros a los compinches de la inmersión, escribía el panegírico en catalán: «col·lectiva multituds. individu…». Siempre haciendo «país català», el negro que le ha escrito el pastel copia hasta una letra del Grajo d’Aixátiva, el ahora silente Raimon: «Són fruit d’un temps i un país distints…, lluitaren per un temps que ja és un poc nostre i per un país que ja anem fent» (creo que pone ‘lluitaren’, quizá por lapsus en lugar de ‘furtaren’ y ‘furtarem’). En fin, a la mierda estos fantoches de la política y el engaño, que aprovechan hasta la muerte de un pintor que los ignoró, pues Genovés sólo fue fiel a su arte y a la Galería Marlborough.


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