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La catalana ‘serralada’ para niños desprotegidos

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En la orografía de España, la que se enseña a niños de 10 años en esta escuela de Alicante, se huye de la toponimia valenciana; pero no así de «serralada catalana, serradales bétiques, serralada cantàbrica…». Todo en catalán, como ordenan Marzà y Mónica Oltra.

La vileza del adoctrinamiento se comete a diario en el interior de los colegios públicos. A 200 metros de mi vivienda, en el Cabo Huertas de Alicante, tengo el paradigma de lo que ocurre en todo el territorio valenciano, con el apoyo de Marzà y Mónica Oltra. Los conejillos de indias tienen entre 9 y 11 años. La mayoría, hijos de padres que no hablan valenciano, son víctimas perfectas para los maestros catalanistas que, curiosamente, muchos también nacieron de progenitores foráneos (deformados por la inmersión).

Mientras el pueblo sigue enajenado por la economía, el Covid-19, el Valencia CF de Lim o los problemas de la Pantoja, los colaboracionistas convierten a los niños en futuras marionetas del nazismo expansionista catalán; es decir, de los que nos consideran bestias si hablamos español. Casi en el 2021, los señores feudales de la Enseñanza tienen licencia para implantar la ideología del autoodio en la receptiva mente del niño.

Observen el ejercicio de falso valenciano para alumnos de 10 años, con salvajadas sonrojantes como «serralada». Esta es la lengua que introduce la Inspección de la Generalitat Valenciana. Cuanto más catalanizado es el modelo, más méritos pedagógicos acumula el verdugo-maestro que asesina lingüísticamente a los menores.

El sust. «serralada» jamás perteneció al idioma valenciano y, por tanto, jamás figuró en sermones de San Vicente Ferrer (a.1408), el Tirant lo Blanch (a.1460) o La escaleta del dimoni (a.1874) ¿Por qué implantan vocablos inexistentes en valenciano en los cerebros infantiles? Por lo de siempre: destruir léxico valenciano, o que sea homógrafo a otro en español. Esta arbitraria medida censora no la aplican a latinismos, germanismos, galicismos, anglicismos, portuguesismos, italianismos… ¡todo es respetable y culto, todo, salvo si es españolismo! En este caso esgrimen una batería de argumentos para anonadar al padre protestón: que si es facha, que si fue imposición de la extrema derecha, que si el franquismo, que si es rústico o para hacer reir, que es invento de los falleros de la ciudad de Valencia y su huerta, etc. Toda una cortina de humo para ocultar la supeditación al proyecto de desmembración de España y la creación de una Cataluña hasta Murcia, como soñaba el protonazi Prat de la Riba y los falangistas Eugeni d’Ors y Joan Fuster.

En valenciano tenemos «cordillera» y «cordellera», morfologías valencianas prohibidas por los filólogos expansionistas catalanes. El motivo no es otro que alejarse de similitudes con el español y, también, con el valenciano. La grafía «cordellera» deriva de «cordell, valenciano»1, voz clásica derivada del latín tardío *cordĕllum: “tres cordells” (March, A.: Obres , c. 1445); “certs cordells” (Roig: Espill, 1460); “porta cordells” (Gaçull: Brama, 1497); “cordell: cordel” (Bib. Serrano Morales, ms. 6549, Dicc. valenciá, 1825), etc. De cordell derivó cordellat2, tejido basto de lana con trama de nudos que formaban cordones, de ahí el azúcar «cordellat». Esta estructura originó, metafóricamente, el concepto de cordellera al asociarse al conjunto de nudos, cordones o cadenas de montañas:

cordellera: cordillera, serie de montañas enlazadas entre sí” (Escrig: Dicc. 1887)

“tallat de la cordellera que dividix una vall de l’atra” (Gadea: Tipos, 1908, p. 188)

«cordellera: cordillera» (Fullana: Voc. valenciá, 1921)

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Los lexicógrafos franceses no consideran atrocidad el uso en francés de la voz «cordillère». Son conscientes de que parte de la riqueza de su idioma se debe a préstamos léxicos, sean italianismos, germanismos, anglicismos o, por supuesto, españolismos. (Petit Larousse, Paris, 1985)

Tanto «cordillera» como «cordellera» fueron recogidas por Escrig y el académico Fullana, además del catalán Corominas que anotó «cordelleres» (DECLLC, II, p.323) en valenciano. De ahí su juicio de que «en terra valenciana… cordellera» (Ibid.).

Respecto al «serralada» que se inculca a los niños valencianos, es voz moderna catalana que comenzó a usarse hacia el 1900. Es decir, nada que ver con el idioma valenciano; pero esto les da igual a los inmersores que viven del catalanismo y adoctrinan a los indefensos niños en las escuelas de Alicante, Castellón y Valencia. Y ningún político emitirá ni un murmullo de protesta, aunque bramaría si le quitaran un mísero euro de la pasta que cobra.

 

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En 1932, en pleno crecimiento del fascismo expansionista catalán, en Valencia todavía no tenían el poder los colaboracionistas, de ahí la burla gráfica al catalanista que sueña con una numeración catalana, distinta a la romana o arábiga que, en realidad, nació en la India (La Traca, 25/ 06/ 1932, p.8)

1Corominas: DCECH, II, p.273)

2 “sucre cordellat” (Pou: Thesaurus, 1575); “cordellats, la pesa” (Vilarig: Memorial… han de pagar les mercaderíes, 1607), etc.


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